Niebla XVIII, Miguel de Unamuno

Niebla XVIII, Miguel de Unamuno

––¡Hola, Rosarito! ––exclamó Augusto apenas la vio.
––Buenas tardes, don Augusto ––y la voz de la muchacha era serena y clara y no menos clara y serena su mirada.
––¿Cómo no has despachado con Liduvina como otras veces en que yo no estoy en casa cuando llegas?
––¡No sé! Me dijo que me esperase. Creí que querría usted decirme algo…
«Pero ¿esto es ingenuidad o qué es?», pensó Augusto y se quedó un momento suspenso. Hubo un instante embarazoso, preñado de un inquieto silencio.
––Lo que quiero, Rosario, es que olvides lo del otro día, que no vuelvas a acordarte de ello, ¿entiendes?
––Bueno, como usted quiera… Continue Reading »

Niebla IV, Miguel de Unamuno

«¿Por qué el diminutivo es señal de cariño? ––iba diciéndose Augusto camino de su casa––. ¿Es acaso que el amor achica la cosa amada? ¡Enamorado yo! ¡Yo enamorado! ¡Quién había de decirlo …! Pero ¿tendrá razón Víctor? ¿Seré un enamorado ab initio? Tal vez mi amor ha precedido a su objeto. Es más, es este amor el que lo ha suscitado, el que lo ha extraído de la niebla de la creación. Pero si yo adelanto aquella torre no me da el mate, no me lo da. ¿Y qué es amor? ¿Quién definió el amor? Amor definido deja de serlo… Pero, Dios mío, ¿por qué permitirá el alcalde que empleen para los rótulos de los comercios tipos de letra tan feos como ese? Aquel alfil estuvo mal jugado. ¿Y cómo me he enamorado si en rigor no puedo decir que la conozco? Bah, el conocimiento vendrá después. Continue Reading »