Niebla XXIX, Miguel de Unamuno

Niebla XXIX, Miguel de Unamuno

Todo estaba dispuesto ya para la boda. Augusto la quería recogida y modesta, pero ella, su mujer futura, parecía preferir que se le diese más boato y resonancia.
A medida que se acercaba aquel plazo, el novio ardía por tomarse ciertas pequeñas libertades y confianzas, y ella, Eugenia, se mantenía más en reserva.
––Pero ¡si dentro de unos días vamos a ser el uno del otro, Eugenia!
––Pues por lo mismo. Es menester que empecemos ya a respetarnos.
––Respeto… Respeto… El respeto excluye el cariño.
––Eso creerás tú… ¡Hombre al fin! Continue Reading »

Niebla XIX, Miguel de Unamuno

Niebla XIX, Miguel de Unamuno

A los dos días de esto anunciáronle a Augusto que una señora deseaba verle y hablarle. Salió a recibirla y se encontró con doña Ermelinda, que al: «¿usted por aquí?» de Augusto, contestó con un: «¡como no ha querido volver a vemos… ! »
––Usted comprende, señora ––––contestó Augusto––, que después de lo que me ha pasado en su casa las dos últimas veces que he ido, la una con Eugenia a solas y la otra cuando no quiso verme, no debía volver. Yo me atengo a lo hecho y lo dicho, pero no puedo volver por allí…
––Pues traigo una misión para usted de parte de Eugenia…
––¿De ella? Continue Reading »

Niebla XVI, Miguel de Unamuno

––Eres imposible, Mauricio ––le decía Eugenia a su novio, en el cuchitril aquel de la portería––, completamente imposible, y si sigues así, si no sacudes esa pachorra, si no haces algo para buscarte una colocación y que podamos casarnos, soy capaz de cualquier disparate.
––¿De qué disparate? Vamos, di, rica ––y le acariciaba el cuello ensortijándose en uno de sus dedos un rizo de la nuca de la muchacha.
––Mira, si quieres, nos casamos así y yo seguiré trabajando… para los dos.
––Pero ¿y qué dirán de mí, mujer, si acepto semejante cosa?
––¿Y a mí qué me importa lo que de ti digan?
––¡Hombre, hombre, eso es grave! Continue Reading »