Niebla XVIII, Miguel de Unamuno

Niebla XVIII, Miguel de Unamuno

––¡Hola, Rosarito! ––exclamó Augusto apenas la vio.
––Buenas tardes, don Augusto ––y la voz de la muchacha era serena y clara y no menos clara y serena su mirada.
––¿Cómo no has despachado con Liduvina como otras veces en que yo no estoy en casa cuando llegas?
––¡No sé! Me dijo que me esperase. Creí que querría usted decirme algo…
«Pero ¿esto es ingenuidad o qué es?», pensó Augusto y se quedó un momento suspenso. Hubo un instante embarazoso, preñado de un inquieto silencio.
––Lo que quiero, Rosario, es que olvides lo del otro día, que no vuelvas a acordarte de ello, ¿entiendes?
––Bueno, como usted quiera… Continue Reading »

NIEBLA II, Miguel de Unamuno

NIEBLA II, Miguel de Unamuno

Al abrirle el criado la puerta…
Augusto, que era rico y solo, pues su anciana madre había muerto no hacía sino seis meses antes de estos me¬nudos sucedidos, vivía con un criado y una cocinera, sir¬vientes antiguos en la casa a hijos de otros que en ella misma habían servido. El criado y la cocinera estaban ca¬sados entre sí, pero no tenían hijos.
Al abrirle el criado la puerta le preguntó Augusto si en su ausencia había llegado alguien.
––Nadie, señorito. Continue Reading »