Niebla XXV, Miguel de Unamuno
Niebla XXV, Miguel de Unamuno
Fue Augusto a ver a Víctor, a acariciar al tardío hijo de este, a recrearse en la contemplación de la nueva felicidad de aquel hogar, y de paso a consultar con él sobre el estado de su espíritu. Y al encontrarse con su amigo a solas, le dijo:
––¿Y de aquella novela o… ¿cómo era?… ¡ah, sí, nivola!… que estabas escribiendo?, ¿supongo que ahora, con lo del hijo, la habrás abandonado?
––Pues supones mal. Precisamente por eso, por ser ya padre, he vuelto a ella. Y en ella desahogo el buen humor que me llena.
––¿Querrías leerme algo de ella? Continue Reading »









