Niebla XXXII, Miguel de Unamuno

Niebla XXXII, Miguel de Unamuno

Aquella misma noche se partió Augusto de esta ciudad de Salamanca adonde vino a verme. Fuese con la sentencia de muerte sobre el corazón y convencido de que no le sería ya hacedero, aunque lo intentara, suicidarse. El pobrecillo, recordando mi sentencia, procuraba alargar lo más posible su vuelta a su casa, pero una misteriosa atracción, un impulso íntimo le arrastraba a ella. Su viaje fue lamentable. Iba en el tren contando los minutos, pero contándolos al pie de la tetra: uno, dos, tres, cuatro… Continue Reading »

Niebla XXX, Miguel de Unamuno

Niebla XXX, Miguel de Unamuno

Víctor encontró a Augusto hundido en un rincón de un sofá, mirando más abajo del suelo.
––¿Qué es eso? ––le preguntó poniéndole una mano sobre el hombro.
––Y ¿me preguntas qué es esto? ¿No sabes lo que me ha pasado?
––Sí, sé lo que te ha pasado por fuera, es decir, lo que ha hecho ella; lo que no sé es lo que lo pasa por dentro, es decir, no sé por qué estás así…
––¡Parece imposible!
––Se te ha ido un amor, el de a; ¿no te queda el de b, o el de c, o el de x, o el de otra cualquiera de las n?
––No es la ocasión para bromas, creo.
––Al contrario, esta es la ocasión de bromas. Continue Reading »

Niebla XXVII, Miguel de Unamuno

Niebla XXVII, Miguel de Unamuno

Empezó entonces para Augusto una nueva vida. Casi todo el día se lo pasaba en casa de su novia y estudiande no psicología, sino estética.
¿Y Rosario? Rosario no volvió por su casa. La siguiente vez que le llevaron la ropa planchada fue otra la que se la llevó, una mujer cualquiera. Y apenas se atrevié a preguntar por qué no venía ya Rosario. ¿Para qué, si le adivinaba? Y este desprecio, porque no era sino desprecio, bien lo conocía y, lejos de dolerle, casi le hizo gracia, Bien. Bien se desquitaría él en Eugenia. Que, por supuesto, seguía con lo de: «¡Eh, cuidadito y manos quedas!» ¡Buena era ella para otra cosa!
Eugenia le tenía a ración de vista y no más que de vista, encendiéndole el apetito. Una vez le dijo él:
––¡Me entran unas ganas de hacer unos versos a tus ojos!
Y ella le contestó: Continue Reading »

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