Archive for Agosto, 2008

Niebla XVI, Miguel de Unamuno

––Eres imposible, Mauricio ––le decía Eugenia a su novio, en el cuchitril aquel de la portería––, completamente imposible, y si sigues así, si no sacudes esa pachorra, si no haces algo para buscarte una colocación y que podamos casarnos, soy capaz de cualquier disparate.
––¿De qué disparate? Vamos, di, rica ––y le acariciaba el cuello ensortijándose en uno de sus dedos un rizo de la nuca de la muchacha.
––Mira, si quieres, nos casamos así y yo seguiré trabajando… para los dos.
––Pero ¿y qué dirán de mí, mujer, si acepto semejante cosa?
––¿Y a mí qué me importa lo que de ti digan?
––¡Hombre, hombre, eso es grave! Continue Reading »

Niebla XV, Miguel de Unamuno

Niebla XV, Miguel de Unamuno

––Pero ¿qué has hecho, chiquilla? ––preguntó doña Ermelinda a su sobrina.
––¿Qué he hecho? Lo que usted, si es que tiene vergüenza, habría hecho en mi caso; estoy de ello segura. ¡Querer comprarme!, ¡querer comprarme a mí!
––Mira, chiquilla, es siempre mucho mejor que quieran comprarla a una que no es el que quieran venderla, no lo dudes.
––¡Querer comprarme!, ¡querer comprarme a mí!
––Pero si no es eso, Eugenia, si no es eso. Lo ha hecho por generosidad, por heroísmo…
––No quiero héroes. Es decir, los que procuran serlo. Cuando el heroísmo viene por sí, naturalmente, ¡bueno!; pero ¿por cálculo? ¡Querer comprarme!, ¡querer comprarme a mí, a mí! Le digo a usted, tía, que me la ha de pagar. Me la ha de pagar ese… Continue Reading »

Niebla XIII, Miguel de Unamuno

Niebla XIII, Miguel de Unamuno

Notó Augusto que algo insólito le ocurría a su amigo Víctor; no acertaba ninguna jugada, estaba displicente y silencioso.
––Víctor, algo te pasa…
––Sí, hombre, sí; me pasa una cosa grave. Y como necesito desahogo, vamos fuera; la noche está muy hermosa; te lo contaré.
Víctor, aunque el más íntimo amigo de Augusto, le llevaba cinco o seis años de edad y hacía más de doce que estaba casado, pues contrajo matrimonio siendo muy joven, por deber de conciencia, según decían. No tenía hijos.
Cuando estuvieron en la calle, Víctor comenzó:
––Ya sabes, Augusto, que me tuve que casar muy joven… Continue Reading »

Next Page »